¿Calidad en educación? Pero… ¿qué es eso?

Según el diccionario de la RAE se entiende como calidad, en su primera acepción, la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor. En su segunda acepción lo asimila a superioridad o excelencia. Y en la tercera acepción la define como adecuación de un producto o un servicio a las características especificadas.

Si uniéramos las tres acepciones y las enmarcáramos en el contexto adecuado podríamos decir que entendemos como calidad las propiedades inherentes al centro educativo que permiten juzgar su valor como superior o excelente, adecuándose a las expectativas de sus prescriptores y alumnos.

“¿Qué servicio ofrezco?”. Esta es la pregunta que todos los centros educativos deberían realizarse cada cierto tiempo, porque permite reenfocar acciones y actividades frente a posibles distorsiones coyunturales. ¿Qué servicio ofrezco? ¿Por qué me eligen a mi y no a otros? ¿qué aspectos esenciales deberían sobresalir de mi actividad? ¿Qué aspectos particulares forman parte de propuesta? ¿Cómo puedo destacar estos aspectos particulares sin sobreponerlos a mi actividad fundamental?

Otra manera de enfocar estas preguntas es: ¿qué tipo de clientes quiero y cómo voy a mostrarles que soy un buen centro educativo, con calidad?

A pesar de la sencillez del planteamiento, en la práctica es muy complicado, debido fundamentalmente a que en una institución de este tipo el resultado de su actividad es el propio alumno, y la promesa del servicio se basa en que después de un tiempo que se mide en años el alumno finalizará los estudios con una serie de competencias y habilidades adquiridas con un estilo y unos valores. El prestigio del centro dependerá de los niveles objetivables obtenidos a lo largo del tiempo, pero, tomando como referencia un dicho tomado de las entidades financieras: “logros pasados no garantizan logros futuros”, y el cliente quiere garantías hoy de que las cosas se están haciendo bien.

Es cierto que la educación ha logrado unos niveles de estandarización muy altos, prácticamente a todos los niveles, a través de la objetivación de los resultados y el seguimiento de procesos claramente establecidos y documentados, especialmente en la educación pública y concertada, y también en la universitaria.

No obstante, los procesos no garantizan necesariamente los resultados en la educación (¡ojalá!) debido al fuerte componente humano del que depende. Unos protocolos de actuación pueden convertirse fácilmente en mera carcasa de calidad en manos de alguien que carezca el mínimo interés de cumplir realmente con el espírituo la intencióndel procedimiento, aunque todo el proceso se haya realizado de manera plenamente objetivable.

En la siguiente entrada abordaremos un aspecto absolutamente clave: la percepción.

 

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