Marketing, prestigio y percepción de calidad académica

El éxito de una institución educativa se puede deber a muchas razones. Algunas tienen más que ver con el marketing o cómo se adapta la oferta a la demanda. Otras tienen mucho que ver con la publicidad, dando con los canales de publicitación en los que se encuentra el potencial usuario. Pero todas coinciden en un punto: no es posible hablar de éxito sostenible si no existe un buen producto, o un buen servicio. Y el producto de una institución académica, su servicio, es la formación académica, siendo el resultado la percepción del alumno (o de su familia) de que, efectivamente, ha habido un incremento en sus competencias, habilidades, conocimientos, etc.

No es sencillo enmarcar algo tan intangible como la calidad académica. En los últimos tiempos se ha apostado fundamentalmente por la objetividad de los procesos, asimilando la calidad educativa a la consecución de unos procesos condimentada con unos recursos materiales. Esto, lo digo ya, es una moda. Los procesos garantizan los resultados en una planta de fabricación, pero no en un centro educativo, donde el factor humano es mucho más importante que el cumplimiento de unos mapas de procesos orientados a la consecución de unos estándares y contar con unos recursos materiales orientados fundamentalmente a su exhibición.

Si nos remitimos al contexto, no hace faltan muchas explicaciones para hacerse una idea del panorama: descenso de la natalidad, invierno demográfico, centros sobredimensionados, competencia entre centros privados, concertados y públicos, legislación cambiante, estandarización de la educación, facilidad de movilidad, etc.

Hay una pregunta que toda madre y todo padre se realizan a la hora de escolarizar a una hija o un hijo en un colegio, o que todo estudiante realiza a la hora de elegir la universidad en la que realizar sus estudios de grado o postgrado: qué sacrifico y qué obtengo a cambio.

Está claro que para los que solo valoren la proximidad, hay poco que hacer: solo con confirmar que no es un centro malo y/o caro  será suficiente. Estos prescriptores no son  susceptibles a razonamientos complejos, ya que tienen claro que sus variables en la elección de centro será la obtención de un título cerca de casa al mínimo precio.

De la misma manera ocurre con los que eligen centro educativo por razones como sus campos deportivos, sus rutas de autobús o por que está de moda, independientemente de su calidad académica.

La serie de posts  que arrancamos aquí está pensada para atender a todos los demás, es decir, para aquellos que eligen sacrificar recursos para llevar a los hijos a un buen colegio, es decir, a un colegio donde el alumno cuente con garantías (si es que en educación pueden existir tales) de que se van a poner medios para obtener buenos resultados. Ahí es donde hemos puesto el foco: en qué variables hay que manejar para mostrar y hacer percibir que, efectivamente, el centro educativo, independientemente de la etapa, es un buen centro educativo.

En el próximo post entraremos en las tres palabras que se relacionan directamente con esa buena fama.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: