La Física como límite del deseo

Hay dos hechos relativamente recientes que han puesto en evidencia una cara oculta de la innovación. Me fijo especialmente en el Dieselgate de Volkswagen y en la estruendosa retirada del mercado del Galaxy Note 7.

Parecen dos casos o situaciones aisladas, pero en realidad tienen mucho en común. En ambos casos se pretendió una eficiencia que la Física tal como la conocemos, y más todavía en productos de grandes masas, no podía validar.

La salida aquí de las empresas señaladas anteriormente fue dar un paso adelante. Con una maraña de especialistas alineada y una dirección que velaba fundamentalmente por los intereses de los inversores, se procedió a iniciar un salto al vacío. También muy similar a determinadas concesiones de créditos o, por qué no, a la venta de preductos financieros, las cuales también desafiaban a las leyes de la Física.

En el caso del Dieselgate el punto de partida fue querer mostrar que los vehículos en realidad más eficientes de lo que en realidad eran. Y donde la Física no daba más de sí, entraba la electrónica, por que lo importante en ese caso era aparentar una eficiencia que desde la dirección de la compañía se sabía que era inviable en producciones a gran escala. De aquí al engaño electrónico sólo hubo ya un pequeño salto, evidentemente respaldado por los cuantiosos beneficios que generaba la imagen de una compañía que velaba por los intereses del planeta.

En el caso de Samsung y su Galaxy Note 7, los deseos de estar por encima de los estándares del mercado (decisión política que establece la dirección de la compañía) llevó a tomar decisiones muy arriesgadas en producción. La comercialización de un producto suele obviar este tipo de riesgos. Pero al final estos riesgos son las que han acabado con la comercialización del producto. No se sabe exactamente cual ha sido el fallo de diseño que ha hecho que entren en combustión espontánea los terminales, pero sí se sabe que la exigencia se sacar al mercado un terminal con unas prestaciones de laboratorio ha acabado por dar un buen mordisco a la cuenta de resultados de la compañía.

En ambos casos el proceso ha sido el mismo: una decisión política en beneficio de la cuenta de resultados, una producción acelerada, una conciencia de que el margen de error era mayor que el asumible por el propio mercado, la aparición de casos fácilmente identificables que dejan en evidencia a la compañía, y finalmente la asunción de un error que tiene consecuencias nefastas para los accionistas.

Cuánto me recuerda todo esto a la crisis de los mercados financieros…

Un Comentario

  1. jfcalderero

    Muy interesante. La falta de autenticidad se paga muy cara.

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