Valores

Asisto a lo largo de esta semana a la defensa como Tribunal de varios Trabajos fin de Grado de Primaria y de Máster de Formación de Profesorado, con los siguientes títulos:

  • El estrés en alumnos de educación secundaria.
  • Educación emocional: una competencia para toda la vida.
  • La comprensión lectora a través del álbum ilustrado en el Primer curso de Educación Primaria.
  • Resolución de problemas matemáticos a través de una didáctica más motivadora.
  • Trabajar la Edad Media en sexto curso de Educación Primaria a partir de las Inteligencias Múltiples y las TIC.
  • Propuesta de intervención para la enseñanza de la música en 6º de primaria.
  • Análisis sobre la situación del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
  • La enseñanza de las ciencias basada en la investigación como estrategia de enseñanza dirigida a la construcción de conocimientos.
  • Repercusión de la Expresión Corporal para el fomento de las habilidades sociales en el tercer ciclo de Educación Primaria.
  • Los valores son cosa de todos.
  • Hábitos saludables, actividad física  y alimentación.

De estos trabajos me llama la atención especialmente el relativo a los valores, que al margen de su contenido y conclusiones (muy elaborado), incide en una cuestión que toca con muchos de los aspectos que he abordado anteriormente, y es la formación del alumno más allá de los conocimientos meramente teóricos.

La enseñanza para la libertad representa la esencia de la actividad educativa, en forma de proceso que se dilata en el tiempo. La conciencia de este hecho por parte del profesorado es el que da sentido pleno a todo el proceso, más allá de las acciones puntuales que se planifican en cada asignatura en cada aula. El saber conducirse responsablemente por la vida es la expresión máxima de lo que se podría llama una buena educación.

La visión actual de que la educación debe centrarse solamente en una serie de contenidos y competencias y que es el propio alumno el que debe saber elegir su propia escala de valores a medida que crece y evoluciona, en un medio moralmente y presuntamente aséptico supone desconocer deliberadamente cuestiones antropológicas básicas, y mutilar desde la base un aspecto básico de la educación de los alumnos. No existe medio inocuo ni propuesta inocua, aunque la inocuidad sea la propuesta.

La falta de compromiso efectivo con el llamado carácter propio de centro por parte de los que lo tienen que llevar al ámbito de las clases, y más importante, de los pasillos, está en la base de muchos problemas relacionados con el crecimiento y madurez de los alumnos. El carácter propio de esta manera se convierte en un mero enunciado de tópicos sin más sentido que cumplir con un acto administrativo. Pero no es este el sentido por el cual fue elaborado legalmente. Detrás del carácter propio se encontraba la expresión de ese ánimo común que se habría de convertir en movilizador de la acción común del profesorado, dotando de coherencia y unidad a las distintas actividades desarrolladas, tanto dentro como fuera del aula.

Precisamente el carácter propio es la expresión de la unidad de la comunidad educativa: refleja el compromiso de las familias, los profesores y los alumnos por mantener un marco integrador en el que desarrollar el aprendizaje y la adquisición de conocimientos y competencias.

Si el ámbito de la educación renuncia a una perspectiva común e integradora de valores, estará renunciando a una de las bases más firmes sobre las cuales desarrollar el acto educativo.

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