Rendimiento académico

Esta semana he estado de Tribunal en defensas de TFM, todos del Máster en Neuropsicología y Educación. Han sido en total 13 Trabajos:

  • Diferencias entre las estrategias de aprendizaje y el rendimiento académico en alumnos de 3º de ESO y 1º de Bachillerato.
  • Lateralidad y rendimiento matemático.
  • La memoria de trabajo y su correlación con el aprendizaje de idiomas.
  • Relación entre inteligencias múltiples y cociente intelectual en Educación Primaria.
  • Inteligencias Múltiples y aptitudes escolares en alumnos de 6º de Educación Primaria.
  • Evaluación de la comprensión lectora en jóvenes con síndrome de Down.
  • Relación entre el perfil neuropsicológico y el rendimiento académico en estudiantes de Educación Primaria.
  • Estudio de asociación del desarrollo de las inteligencia múltiples con el rendimiento académico en el área verbal – lengua castellana e inglés – en educación primaria. Diseño de una propuesta de intervención a través de las inteligencias múltiples.
  • Relación entre las estrategias de aprendizaje, la motivación y el rendimiento académico en la asignatura de inglés en alumnos de 2º curso de ESO.
  • Estudio de la relación existente entre la creatividad y las Inteligencias Múltiples en Educación Infantil.
  • Alteraciones neurológicas en niños con bajo rendimiento escolar.
  • Estudio de los movimientos sacudidos y las inteligencias múltiples en el TDAH.
  • Estudio de la inteligencia general y aptitudes específicas de 2º de Educación Primaria en Cantabria.

Como se puede ver, en este caso había muchos trabajos relacionados con el rendimiento académico, lo cual ha hecho que, de manera transversal, entrara a valorar más este concepto.

El rendimiento no deja de ser el resultado, el producto, de una fórmula. De los aspectos que se apliquen antes del signo igual dependerá el el resultado. La clave está en qué ponemos antes de dicho resultado y si realmente con eso estamos refiriéndonos a lo que queremos decir.

Uno de los principales debates que suelen plantearse es si el rendimiento sólo puede venir medido en forma de notas, porque entonces estamos aplicando una serie de sesgos bastante notables: si el profesor realmente está personalizando la educación en el caso de ese alumno, cual es el nivel máximo al cual el alumno puede aspirar en determinadas materias, y por supuesto toda la serie de condicionantes previas relacionadas con la motivación, la metodología, etc., que forman parte tanto de lo que sucede en clase como de lo que tiene el alumno en su cabeza.

Es muy interesante en este sentido comprobar que casi todos los artículos académicos que hablan de rendimiento académico normalmente lo ciñen a los resultados cuantificables en forma de notas, sin entrar en más valoraciones (aun siendo ésta una de las partes más importantes del título de sus trabajos), mientras que entran a describir con todo lujo de detalles y matices los condicionamientos estudiados o las variables analizadas.

Esta noción vicia en muchas ocasiones, por su reduccionismo, un concepto como el de rendimiento académico, mucho más amplio y que requiere de un análisis mucho más detallado por su cantidad de variables. El que entre en el fondo de este asunto se estará introduciendo más en cuestiones relacionadas con la filosofía de la educación que con la neuropsicopedagogía o las metodologías didácticas.

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