El coste oculto de la genialidad

Hace unas semanas, entre otros medios, el Diario EL PAÍS se hacía eco de lo que desde hace poco más de dos años viene sucediendo en el famoso sello británico de música EMI. En su reportaje mostraba la historia reciente de la empresa, sus peculiaridades, características, y en el fondo, todo aquello que la estaba avocando a la bancarrota.

Hay una pregunta de fondo que creo que todavía  nadie ha contestado adecuadamente, o de manera completa: ¿Cómo puede una empresa de semejantes características caer en la bancarrota? Sí, efectivamente puede caer por muchas razones. En este caso se alude a un exceso en los gastos y en una estructura desproporcionada respecto al negocio (típico árbol al que le empiezan a crecer “ramas” descontroladamente, además con acceso directo a las raíces). ¿Exceso de gastos? ¿Qué gastos? Pues flores, champaña, ya se sabe… Con el patrimonio intangible tan jugoso que poseía era fácil endeudarse y que sirviera como aval (todo el archivo musical propiedad de la compañía). Y así, poco a poco, fue entrando en una dinámica perversa, de lenta y dolorosa caída, acompañada de ramos de flores y mucha champaña, eso sí…

Es realmente peculiar el mundo del espectáculo, y más si se quiere organizar como empresa. Una vez un amigo mío me dijo que este tipo de negocios sólo sobrevivían si eran regidos y regentados por personas con mentalidad de sargento y puño de hierro. Los artistas no atienden a números, atienden a su obra y al público, y a la vida que les permita vivir como lo que quieren ser: estrellas. Y ya está.

EMI, bajo la batuta de Tony Wadsworth, consiguió consolidar a grandes artistas, generando incluso una gran facturación, pero a costa de ir incrementando el endeudamiento. ¿Cómo se mide el patrimonio de los archivos musicales de la compañía? Este era su gran activo, en el fondo, además de los artistas que tenía actualmente en nómina. Pero mantener contentos a todos estos activos exigía también unos grandes costes, también de estructura, que poco a poco parecían ir devorando la cuenta de resultados real.

Una vez comprada por Terra Firma, con dinero de Citibank, y con Guy Hands al frente, la empresa se comenzó a gestionar como parece que se debería haber hecho desde un principio: mentalidad de sargento y puño de hierro. Ahora bien, esto no gustó ni a los artistas, ni a los empleados, ni a los mandos intermedios. No gustó a nadie: antes se vivía mejor… aunque fuera a costa de endeudarse cada vez más. Todo un ejemplo de cultura corporativa. Nadie puede decir que Guy no haya hecho todo lo posible por sacar el negocio adelante, incuso a costa de su familia, pero es que lo tenía todo en contra. Reducir un tercio la plantilla no fue suficiente, ni meter en vereda a los alocados genios, ni intentar vender parte de su patrimonio (repito la pregunta: ¿Cuánto vale un archivo musical?).

A día de hoy, como es bien sabido, EMI está en proceso de liquidación. Y resulta bastante paradigmático de lo que significa una cultura en la que la palabra empresa pierde peso a favor de otras menos amables. Y también de cómo, cuando las cosas se tuercen mucho, a lo mejor ya no hay manera de arreglarlas.

Pd.: ¿Alguien recuerda cómo era Apple meses antes del regreso de Jobs…?

Pd2. ¿Alguien recuerda por qué cayó realmente Enron?

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